REVISTA ANPE 621

O P I N I Ó N E N E R O - F E B R E R O 2 0 2 4 R E V I S T A P R O F E S I O N A L A N P E 6 2 1 18 nuestra educación con mayúscula y del futuro de nuestra profesión. Si existiera algún momento idóneo para repensar nuestro sistema educativo, nuestra profesión y por tanto en el fu- turo de miles de jóvenes, es ahora. Y es ahora, no más tarde, cuando debemos hacer realidad ese Estatuto de la Fun- ción Pública Docente, desde el acceso a la jubilación, incluso si me apuran inclu- so diferenciar, de acuerdo con las uni- versidades, el acceso a la docencia y el acceso a la función pública. Un Estatuto propia para todo el Estado, retribucio- nes, permisos, licencias, reglamentos, etcétera. El reconocimiento de la carrera profesional, horizontal y vertical. Los últimos estudios revelan datos real- mente preocupantes. Más del treinta y cuatro por ciento del profesorado se siente en un estado parejo a la depre- sión a los que hay que sumar los que ya están diagnosticados. La exposición al acoso, el físico y el virtual a través de redes, el bajo reconocimiento social y económico, el aumento de faltas de E N el tramo de los que he- mos pasado el medio siglo pero no llegamos a sexa- genarios estamos algo más del veintiocho por ciento. Ahora viene el grueso, ese tramo de entre cuarenta y cuarenta y nueve con un treinta y cinco por ciento de repre- sentatividad y el de treinta a treinta y nueve con un veintitrés por ciento. Si traducimos todo esto a efecto de re- posición, ateniéndonos sólo a la edad de jubilación voluntaria, en apenas diez años, habrá que renovar más de un ter- cio de nuestras plantillas actuales, pero es que otro tercio estará a las puertas de hacerlo. Si pensaban que la consecuencia lógica de lo anteriormente mencionado es el envejecimiento de la población docen- te, pues no, ya que eso es obvio, es pre- cisamente lo contrario, la oportunidad que a medio plazo se nos presenta para replantearnos seriamente una reforma no sólo de nuestro sistema educativo, de la profesión docente, incluso de la figura del propio docente. Tenemos la oportunidad de aprender de ese casi cuarenta por ciento de docen- tes, de su experiencia y del saber acu- mulado para corregir aquello que desde los despachos y a saltos de mata, se pre- tende solucionar en el aula, sin haber- la pisado. Tenemos la oportunidad de contar con otro treinta por ciento que sabrán fusionar esa experiencia con nuestros retos presentes, y otro treinta que serán la futura piedra angular de respeto de alumnado y familias, la esca- lada de agresiones del último año, una burocracia asfixiante y mayoritariamen- te improductiva, o el constante cambio legislativo, obligan a regular nuestra profesión desde un marco estatal y co- mún. Los últimos remedios para mejorar el rendimiento de nuestro alumnado, si- guen siendo tiritas para grandes heri- das. Nuestro sistema educativo adolece de medidas estructurales, ratios exce- sivas, jornadas maratonianas, ausencia de recursos humanos y materiales, cu- rrículos distantes a la realidad y nece- sidades del alumnado, ausencia de au- tonomía real de organización y gestión de los centros o ausencia impropia de colaboración por el resto de adminis- traciones para con la educación públi- ca y obligatoria, todo ello obliga a una reforma educativa que al menos parta de un pacto de mínimos entre nuestros grupos políticos, pero esta vez, a ver si aprendemos de los errores, escuchando a esos docentes que se han pasado toda y media vida en las aulas, y a los que le quedan media y toda la vida para imple- mentarla. En fin, si todos esos esfuerzos extem- poráneos y justificativos de cara a la galería, que son pan para hoy hambre para mañana, se dedicaran a todo lo anteriormente expuesto, no habría que poner parches a errores del pasado, estaríamos haciendo un futuro sin par- ches. El futuro es ahora Según datos del propio Ministerio de Educación, en el curso 2021/22, que son los últimos datos detallados publicados, y por tanto, de los que podemos sacar datos fiables, con más de sesenta años tenemos el mismo número de docentes que con menos de treinta, lo que representan a un trece por ciento de la población docente. “ Si existiera algún momento idóneo para repensar nuestro sistema educativo, nuestra profesión y por tanto en el futuro de miles de jóvenes, es ahora”. Presidente de ANPE Cáceres Saturnino Acosta García

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