Revista ANPE Nacional nº 608

OPINIÓN 28 ANPE 608 tenido en cuenta esta situación de riesgo asegurando, al menos en los dos cursos de bachillerato la presencia de esta asignatura. Los profesores de filosofía, me dije, nos libraran de la amenaza de esa nueva dictadura, – no hay libertad si no hay capacidad de pensar y de discrepar-. En esta consolación peripatética me hallaba cuando me en- contré con un buen amigo, profesor jubilado, que cuestionó mis conclusiones al plantearme si era consciente de lo que opi- naban sobre las clases de filosofía los alumnos, los profesores de filosofía y la sociedad en general. Como no podía esperar a la realización de una encuesta seria, me tomé el asunto como tema de conversación con algunos profesores y alumnos. Aunque las consecuencias no sean con- cluyentes desde el punto de vista estadístico, al menos me sir- vieron para algunas reflexiones que expongo a continuación y que desarrollaré en próximos artículos. En síntesis, las opiniones de los alumnos no son muy positivas sobre las clases de filosofía (por razones de espacio, resumo las realizadas tanto respecto a las clases de primero como de se- gundo). Estas son algunas de ellas: – "Un rollo que no sabemos a cuento de qué viene. No en- tiendo nada". – "Una asignatura como otra cualquiera, pero más pesada y con menos utilidad". – "La historia de la filosofía es saber lo que han dicho unos tíos y cuando estás convencido, vienen otros y dicen lo contrario. Pero hay que memorizarla para aprobar la selectividad”. – “Consiste en hacer trabajos, debatir sobre temas de actua- lidad – algunos muy manidos-, sin llegar a ninguna con- clusión”. También hay algunas valoraciones positivas, menos frecuentes, que sintetizo en las siguientes: – "Es algo bonito, tratar de temas que tienen que ver con la vida y ver cómo unos tíos han pensado sobre eso". – "Es la asignatura que más me ha gustado y ayudado como persona”. Repasé los objetivos de dichas asignaturas, tanto los recogidos en el R.D. de currículo como en algunos currículos autonó- micos así como en programaciones didácticas concretas. En todos los documentos hay un aire de familia que, en líneas ge- nerales, resumo en los siguientes objetivos: – "La filosofía pretende crear en los alumnos un hábito de pensamiento riguroso, crítico y creativo". – "La filosofía enseña al alumno nuevas parcelas de la realidad no presentes en las demás asignaturas". – "La filosofía y la historia de la filosofía pretenden ver la uni- dad implícita en todo el saber humano". – "La filosofía pretende explicar quiénes somos y cómo he- mos llegado a ser lo que somos". No es extraño, por tanto, que cualquier profesor se sienta de- sanimado al comprobar el hiato existente entre el fin propuesto y los resultados conseguidos. Es cierto que esto ocurre en todas las asignaturas, pero en esta materia es más grave desde el mo- mento en que no existe ni siquiera unanimidad respecto a qué sea la filosofía y mucho menos el por qué ni el cómo deba en- señarse. Todo ello me plantea qué motivos hay para seguir defendiendo la presencia de la enseñanza de la filosofía. Como he sido co- cinero antes que fraile, no quiero hacerme trampas al solitario, y por tanto no me satisfacen aquellas razones que, en el fondo, pretenden asegurar la permanencia de la misma por cuestiones laborales. Del análisis de la filosofía y de su enseñanza, no tengo muchas razones para ser optimista: el relativismo, el pasotismo, el cri- ticismo, el academicismo, el servilismo a los programas (algún día habrá que revisarlos) o al temario de la selectividad, el miedo a llevar la contraria a lo políticamente correcto… al compromiso con la verdad. No tengo muchos motivos para tranquilizarme, y sí para dar la razón a la pintada del joven. Pensar mata, por eso hemos matado al pensamiento. Tal vez sea actual el lema de un par- tido de la transición: “Nosotros pensamos por usted. Vótenos”. Por eso, y como en tiempos de Sócrates, considero que la fi- losofía es más necesaria que nunca y también los profesores, pero hay que cumplir con nuestra misión. Como decía Machado: “¿Tu verdad?, no, la verdad; y ven conmigo a bus- carla. La tuya guárdatela.”

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