Revista ANPE Nacional nº 607
La resiliencia de la profesión docente Desde nuestro máximo respeto y admiración a los profe- sionales del ámbito sanitario, los docentes también he- mos asistido a situaciones muy difíciles donde un confinamiento o cierre perimetral de la localidad, unido al cese de toda actividad no esencial no ha sido obstáculo alguno para mantener los centros educativos abiertos en modalidad presencial, circunstancia que ya no nos sorprende al no constituir lamentablemente a estas alturas nin- guna novedad, con el consiguiente riesgo que ello supone para la salud, tanto del alumnado como del profesorado. La Real Academia Española de la Lengua define “resiliencia”, en el caso de los seres vivos, como “la capacidad de adaptación frente a un agente perturbador o un estado o situación adver- sos”. En el ámbito educativo existen numerosos estudios acerca del efecto protector que la resiliencia genera en el proceso de aprendizaje de nuestros alumnos, al favorecer el desarrollo de competencias sociales, académicas y personales que permiten al estudiante sobreponerse y salir fortalecido ante situaciones adversas. En este contexto, recae en el profesorado la tarea de saber gestionar los factores de riesgo y protección presentes en su alumnado, de forma que pueda actuar como facilitador de los procesos de resiliencia entre el mismo. Pero, centrándonos en el docente, ¿quién le protege? ¿quién le ayuda o guía ante la adversidad?. La respuesta a estas preguntas no resulta tarea fácil, si enten- demos la resiliencia como la capacidad de superar cualquier adversidad, saliendo reforzado de la misma, consiguiendo transformar lo negativo en positivo y las adversidades en oportunidades, podemos afirmar que los docentes somos resilientes por naturaleza. Si nos ceñi- mos al trabajo en sí, a la práctica en el cen- tro educativo, el docente se enfrenta en ocasiones a un ambiente, clima en el aula o del centro escolar, que no es precisa- mente el idóneo, motivado a veces por una ratio excesiva, mala conducta por parte del alumnado, alumnos con tras- torno de conducta, problemas de convi- vencia o incidentes protagonizados por los padres o familiares, etc. Todo ello figura refle- jado en el informe anual que de forma periódica presenta el Defensor del Profesor de ANPE, desde hace ya quince años que se creó dicho servicio. Si a las dificultades propias de la labor docente, unimos las circunstancias perso- nales como su estado de ánimo, autoestima y otras, la situa- ción ciertamente se agrava y repercute en el desgaste personal, dificultando una buena labor docente. Por ello, es necesario de una vez por todas cambiar la estrategia, cambiar el mensaje a la sociedad en general. No podemos se- guir asistiendo a luchas políticas encarnizadas que hacen uso de la Educación como arma arrojadiza que sitúan en ocasiones al profesorado en el foco de atención mediática de forma in- teresada. Lamentablemente, de forma más o menos periódica, salen a la luz informes o estudios que cuestionan el rendi- miento, salario, desempeño, etcétera, del docente, y siempre de forma interesada para justificar una bajada o congelación retributiva y así ocultar o desviar la atención sobre una mala gestión económica del Gobierno de turno. Acordarse de los Opinión Enero-febrero 2020 23 Que los docentes han estado y siguen estando a la altura de las circunstancias, en un escenario tan complejo como el que estamos atravesando, ha quedado patente y no creo que se albergue duda alguna. Hay quien afirma que la educación en España se salva gracias al optimismo vital, la resiliencia que presentamos los docentes Por José Francisco Venzalá González, vicepresidente nacional de ANPE
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